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¿Cómo transmitir la fe?

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Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón , con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Queden en tu corazón estas palabras que yo te dicto hoy. Se las repetirás a tus hijos, les hablarás de ellas, tanto si estás en casa como si vas de viaje, así acostado como levantado. Las atarás a tu mano como una señal y serán como una insignia entre tus ojos”

Son palabras del capítulo 6 del Dt. Esta palabra revelada al pueblo que Dios eligió de entre todas las naciones de la tierra es hoy noticia fundamental para la humanidad, para el que libremente quiera escucharla, acogerla, creer en ella y recibir lo que es y lo que da.

Es el mismo mandato que Cristo da a la Iglesia: id y anunciad a todos los hombres… y es esta misma misión la que recibimos nosotros como padres y educadores cristianos. Una misión que no es solo un deber o un derecho, es un privilegio, porque en la transmisión de este mensaje, se pone en juego el valor de la existencia del hombre.

Educar en la fe

Educar no es tarea fácil. Educar en la fe, hoy, lo es aún menos. En otros tiempos soplaban vientos más favorables, pero esta situación no nos puede llevar a la nostalgia o a la resignación. Quién quiere influir en el presente tiene que amar el mundo en el que vive. Como decía Bonhoeffer: “Quién huye del presente, huye de la hora de Dios”.

En este momento parece que cualquier cosa es más creíble que la verdad cristiana.

Transmitir la fe, se puede llegar a considerar como un acto coercitivo o de manipulación, y es curioso, porque desde que nuestros hijos nacen, e incluso antes de nacer, elegimos para ellos cómo va a ser su habitación , la ropa que usan , la comida, el colegio… pero ayudarles a descubrir la verdad de un amor que supera todas las expectativas y aspiraciones del hombre, un AMOR con mayúsculas que da valor y sentido a nuestra existencia y nos capacita para amar a los otros, anunciar a nuestros hijos el amor de DIOS encarnado en CRISTO, que es capaz de transformar y dar plenitud a nuestra vida, eso… mejor que lo elijan de mayores.

Nadie puede elegir lo que no conoce. Leía hace poco un artículo en el que alguien se preguntaba si un niño que no conoce la palabra gracias, puede estar realmente agradecido, (¿ porque el lenguaje no solo expresa lo que pienso, sino que lo determina muy profundamente?). Si vivo en un mundo secularizado e ignoro el lenguaje de la fe, es humanamente imposible llegar a ser cristiano.

Por eso, si para nosotros el encuentro personal con este amor de Dios ha sido la piedra angular sobre la que se asienta nuestra vida, ¿Cómo no desear para aquellos que queremos esta misma experiencia? Dejando, por supuesto, a su libertad la capacidad de ir haciendo propio, a lo largo de su vida aquello que han recibido.

Y esto, ¿Cómo se hace? ¿Cómo transmitir de generación en generación los valores fundamentales de la existencia, algo válido y cierto, cuando tantas veces reducimos la educación a la transmisión de habilidades o capacidades de hacer, mientras buscamos satisfacer el deseo de felicidad de nuestros hijos llenándolos de cosas y de gratificaciones efímeras?

Solo hay una manera de transmitir la fe, viviendo esta fe. Nadie puede dar lo que no tiene. La copa rebosa y se derrama cuando está llena. Y esto no lo podemos realizar con nuestras fuerzas, por más que nos lo propongamos, sino con el poder del Espíritu Santo. Necesitamos la gracia y la luz que proceden de Dios que actúan en nosotros. Solo quien conoce y ama a Cristo, quien se sabe amado y perdonado, puede acercar a otros hacia Él.

El niño que se asoma a la vida en el seno de una familia, hace, a través de sus padres la primera y decisiva experiencia de amor. La familia, como pequeña iglesia doméstica manifiesta, de mil maneras, en su vivir cotidiano el don que ha recibido:

  • Con la oración al principio y final del día, que nos remite al autor, principio y fin de la existencia. Como decía el Dt Al levantarte y al acostarte…
  • Ayudándoles a descubrir al Señor en todo lo que les pasa cada día, los problemas con los compañeros, las inseguridades , las alegrías, las peleas con los hermanos y la posibilidad del perdón…partiendo de la experiencia del amor que nosotros hemos recibido de parte del Señor que no ha tenido en cuenta nuestros pecados y no nos ha abandonado en nuestras debilidades.
  • Anunciando a nuestros hijos en los pequeños detalles y dificultades de cada día:  Dios es, Dios está, Dios te ayuda, no estás solo, no tengas miedo
  • Aprovechando su curiosidad, sus inacabables “porqués” para dar razón de nuestra fe
  • Haciendo fiesta, de lo que realmente es digno de celebrar. (¿Navidad?…)
  • Introduciendo a nuestros hijos en la liturgia de la Iglesia, no desde el precepto o la obligación, sino desde la alegría de quien ha encontrado la perla preciosa, y no puede callarse…

No se trata de ser perfectos, sino “verdaderos”. No pasa nada porque vean que nos peleamos, si luego ven cómo es posible el perdón. Para un niño es más importante crecer en un ambiente de amor auténtico que solo en un clima de piedad formal.

Os animo , porque no podemos guardar para nosotros, a pesar del momento y las circunstancias la alegría de la fe, la alegría de haber descubierto y experimentado en Cristo la verdad y el amor del Padre.

Se acerca un tiempo espléndido, La navidad, a través de la palabra de Dios,  acerquemos a nuestros hijos al misterio de la salvación , un misterio que manifiesta de forma única este amor . Dios se acerca a nuestra humanidad, a nuestra debilidad. Toma carne en un niño pequeño para anunciarnos que a pesar de las dificultades, que las hay , y muchas, y precisamente en estos momentos no estamos solos. Su amor nos acompaña, nos ayuda y nos salva.

Ojala sepamos vivir y contagiar este espíritu y podamos disfrutar de esta navidad en toda su profundidad.

Pilar Moreno (Tutora de Primaria del Abat Oliba Loreto)


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