Termina hoy un singular curso escolar difícil de olvidar. Son momentos de emotivas despedidas, con algo de descontrol y euforia por parte de los alumnos y finalmente, cuando ya no están, con cierto alivio del claustro docente. Después de tantos días de confinamiento, todos necesitamos tomar distancia de nuestros hijos, y eso nos permite reafirmar nuestro afecto por ellos. Lo mismo les ocurre a los profesores, posiblemente desearán tomarse un respiro y olvidarse unos días de los alumnos, las clases presenciales y no presenciales… para luego recordar lo que verdaderamente da sentido a nuestra profesión: los alumnos y sus necesidades educativas. Como docente, recuerdo este sentir desde los 21 últimos años, pero este excepcional fin de curso ha roto la dinámica, y nos encontramos ante una mezcla de cansancio y de un importante desgaste psicológico al haber dado una acertada respuesta ante una situación extremadamente compleja. A todos los que amamos nuestra vocación docente, creo que nos hubiera gustado acabar únicamente con ese sentimiento de agotamiento del que hablaba al principio.

En el colegio pasa como en un hospital, no esperamos encontrar a todas las personas sanas, en el colegio no esperamos encontrarnos con que todo sea perfecto, sin gritos ni trastadas, pero lo que ambos tienen en común es su misión de cuidar al hombre tratando de derrochar mucha humanidad. Desde hace algún tiempo que vengo poniendo en entredicho la constante consideración de que los profesores deben ser ejemplares. Eso me lleva a pensar en una imagen de alguien de «mírame y no me toques» una estatua de oro que puede brillar mucho, pero no está claro que cambie a nadie. Me declino más por la imagen de una mano tendida, dispuesta a acompañar al otro por un camino de crecimiento personal y académico. No hay que olvidar que nuestros alumnos aprenden un poco de lo que decimos, algo más de lo que hacemos y sobre todo mucho de aquello por lo que damos la vida. Hemos tenido que dar respuesta a una situación extrema como colegio, como familia, como personas. Esa es otra lección educativa: dar la vida en cualquier realidad que nos toque vivir. Muchas veces las circunstancias no dependen de nosotros, pero sí podemos decidir cómo afrontarlas y que nuestros alumnos, nuestros hijos se pregunten: ¿Cómo mis profesores, mis padres, con la que está cayendo, en estas circunstancias tan difíciles, siguen contentos? ¿Qué les sostiene?

Queremos transmitir a los alumnos que ser bueno y que te vayan las cosas bien tienen mucho en común, aunque a veces sea en el largo plazo. Esa mirada larga de la vida se da también en el orden moral. Actuar en conciencia te da un vida plena. Desde esta perspectiva, continuamos trabajando la excelencia con la visión de:

Preocuparnos más de lo que los demás piensan que es prudente.
Arriesgarnos más de lo que los demás piensan que es seguro.
Soñar más allá de lo que los demás piensan que es práctico.
Esperar más de lo que los demás piensan que es posible.
En el colegio siempre procuramos mantener y transmitir este ideal vocacional y eso nos ha permitido dar respuesta a esta nueva realidad de forma excelente.

Os deseo un feliz verano.

Carta del Director 1
Raül Adames

* Oración de consagración al Sagrado Corazón

Sagrado Corazón de Jesús:

Por medio del Corazón Inmaculado de María, queremos consagrarte este colegio.

Todas nuestras voces se unen para pedirte: que reines en este lugar, que dirijas todos nuestros pasos, que presidas todos nuestros actos, que ilumines la inteligencia de todos los que aquí enseñen, estudien o trabajen, para que sepamos convivir en la Caridad de Cristo y escojamos el camino que nos conduzca a Ti.

Oh Jesús, a través de esta consagración, te pedimos que guardes en tu Corazón a todos los maestros, instrumentos que tu has elegido para custodiar, formar y guiar a todos los niños de este colegio. Se tú, Corazón de Jesús su guía, su luz, su fuerza y su recompensa. También, te pedimos que cada maestro y maestra viva dentro de tu Corazón y así sea canal de gracia y amor para los niños que has confiado bajo su cuidado. Que cada uno de ellos, en virtud de esta consagración, sea modelo de virtud, nobleza, sabiduría, paz, justicia y bondad. Que las gracias de misericordia, conversión y paz que fluyen de tu Corazón lleguen a cada niño a través del servicio amoroso, alegre y dedicado de cada maestro. Que en este colegio los maestros junto con los niños construyan con su dedicación y esfuerzo, la civilización del amor.

Derrama sobre este colegio los dones del Espíritu Santo para que seamos fieles a los planes de Dios. Que estemos siempre alegres en la paz de la conciencia. Cuida de nosotros como cuida tu Divina Providencia de toda la creación, y danos el temor de Dios en esta vida, y la felicidad de reunirnos contigo en el cielo.

Amen.

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