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Alumnos únicos e infinitamente valiosos

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Una de las cosas que me dan más pena estos días es ver el número de fallecidos. Parece que lo importante es saber el número, sólo te fijas en si aumenta o disminuye, pero de una manera insensible muchas veces. Olvidas que detrás de ese número hay  personas con rostro, con nombre y apellido, con familia, personas que son irrepetibles, únicos. Que han dejado su huella en esta vida, que han llevado a cabo una misión que sólo ellos podían hacer, nadie más, que han dejado vacío en muchos corazones y que son únicas, no un simple número.


Estos días nos comentáis que cuesta que los niños trabajen, que se esfuercen, que se concentren, etc. Para nosotros, como maestros, también es duro no tener delante a vuestros pequeños, porque nuestros alumnos son el corazón de todo lo que hacemos, los que dan sentido a nuestra vocación. Y sí, preparamos las clases con mucha dedicación, cariño e ilusión, pero nos falta lo más importante, que tampoco puede suplir una foto. Echamos de menos ver sus caras, sus reacciones, sus ojitos brillantes cuando escuchan cuentos o consiguen algo que les ha costado, atenderles y ayudarles a gestionar sus problemas del patio, oír sus risas , escuchar sus intervenciones, leer en su mirada su estado de ánimo, celebrar sus cumpleaños, compartir sus alegrías y sus penas, etc. Porque para nosotros, sus maestros, vuestros hijos no son un número. Cada uno de ellos es una personita infinitamente valiosa, con nombre y apellidos.

Nuestra misión, mucho más importante que transmitirles conocimientos, es llegar a su corazón, cuidarlos con detalles pequeños, pero significativos, conectar con ellos través de sus intereses, su carácter… Un buen maestro tiene que descubrir la originalidad de cada alumno. Sólo de esta manera podrá llegar a él y ayudarle a ser mejor persona. Con cada uno se relacionará de forma distinta, personal. Un buen maestro buscará sus talentos e intentará ayudarles a descubrirlos, a potenciarlos y a darse cuenta de lo valiosos que son y de que, si faltara uno de ellos, la clase ya no sería la misma. Nuestro objetivo es que cada uno de ellos se sienta acogido y querido por quién es, no por lo que sabe o deja de saber, que sienta que es único para su profe, que se sienta amado con un amor de predilección, único y personal.


La semana pasada hablaba con mis sobrinos y me preguntaban por la foto que tenía detrás. La cogí, era la foto de mi clase de este año y les estuve hablando de cada niño, de su nombre, de cómo era, que le gustaba, con qué se reía… Ellos me escuchaban atentamente  mirando la carita de la persona que les  describía y una vez más me di cuenta de que cada uno de ellos es distinto, no hay dos iguales, cada uno es un regalo único y somos afortunados de poder compartir nuestra vida con ellos.

En este tiempo confinados el reto de llegar a ellos es mayor por la distancia, pero estoy segura de que lo seguimos intentando, que seguimos buscando la manera de relacionarnos con cada uno de manera personal. Ahora en las calles volvemos a oír sus risas, vemos sus sonrisas mientras pedalean con su bicicleta o corren con su patinete. Ojalá pronto podamos volver a recibirlos en clase y seguir caminando juntos. Este deseo lo dejamos con esperanza en manos de Dios  mientras le pedimos la fuerza y la alegría para vivir el presente.

Anna Maria Vives – Tutora de Primaria