En muchas ocasiones me habéis oído decir que la educación de vuestros hijos es lo que da sentido a nuestra vocación como docentes. Esa llamada que hacemos realidad cada día en nuestras aulas.

 

Como colegio queremos ser excelentes en la tarea de ayudar a desarrollar en nuestros alumnos la excelencia académica. Pero esa tarea no define nuestra vocación. Nuestra vocación la define la entrega y la implicación mucho más allá de nuestro deber. Nos mueve una una visión integral que educa a nuestros alumnos en la razón, en la afectividad y en la voluntad.

Para educar de forma integral, el profesor se hace cercano, accesible… para que el alumno pueda conocer, entender y si quiere, hacer propia la propuesta tanto de conocimiento como de vida que la comunidad educativa le propone.

 

San Juan Bosco nos dice que “La educación es cosa del corazón”. En última instancia, lo que el profesor busca es la felicidad del alumno, y para lograrla es primordial hacerle libre. 

¿Y cómo proponemos hacerlo? ¿Cómo educar personas capaces, libres, felices …líderes positivos a fin de cuentas?

Es todo un reto, ahora bien, la experiencia de años nos permite compartir con vosotros algunas claves que son importantes tener en cuenta cuando hablamos de educación:

 

Hemos experimentado que es necesario favorecer su autonomía. La sobreprotección de un hijo o alumno lejos de ayudarle le incapacita para tomar decisiones y ser consecuente. Es nuestra responsabilidad como padres y profesores proteger a nuestros hijos, pero sobreproteger es desproteger.

 

Si el nen té la oportunitat i la llibertat d’experimentar, de equivocar-se, de fallar, de frustrar-se i d’encertar, l’estarem ajudant a tenir més fortalesa i seguretat davant de situacions adverses que en el futur es pugui trobar.

 

Si por el contrario les permitimos equivocarse, enfrentarse a sus errores y también ser protagonistas de sus aciertos les estamos proporcionando situaciones de aprendizaje. Y es más, podemos aprovechar esas equivocaciones para desarrollar la virtud de la fortaleza, y esos aciertos para desarrollar la virtud de la esperanza:

 

Els moments de dolor, també són ocasions meravelloses per créixer en la virtut de la fortalesa. Acompanyem-los en els seus petits o grans patiments, però no els hi vulguem evitar. No justificar les faltes de deures o anticipar-nos en la resolució dels seus conflictes.

Educar en la fortalesa és un dels principals reptes en aquesta societat materialista i hedonista, que busca el plaer immediat i rebutja tot el que suposi un esforç o una incomoditat. Si volem que els nostres fills creixin lliures i sense pors, si volem que siguin feliços, és necessari fer-los créixer en la virtut de la fortalesa.

 

Sin embargo, dejarles vivir sus propias experiencias no quiere decir permitírselo todo, ni abandonarles “a su suerte”. Un niño, un adolescente, un adulto… necesita límites: un mapa que nos permita tomar una ruta u otra, sabiendo que existen caminos diferentes. Por su bien mostrémosles esos límites y mantengámonos firmes en las decisiones que tomemos, considerando que son un bien para ellos.

 

Mantenernos firmes en una decisión,  hace de nuestros hijos niños seguros, porque ven en sus padres que han tomado una decisión y no han dudado para complacerle. Han estado firmes en esa decisión. Esta labor que poco a poco vamos haciendo con nuestros hijos hace que ellos vayan adquiriendo unos mecanismos para hacer frente a todas las adversidades y frustraciones que puedan llegar a vivir a lo largo de su vida.

 

Mostrando esos límites aportamos seguridad, y gracias a esta seguridad en sí mismos y en los adultos de confianza, serán menos dependientes de la opinión de los demás y por lo tanto, con mayor y mejor autoestima.

 

Como os decía antes, no se trata de tomar las decisiones por ellos, tampoco de dejarles hacer cualquier cosa. Los límites y el diálogo afectuoso junto con nuestro acompañamiento y supervisión, les harán capaces de ir tomando sus propias decisiones

 

El nostre paper és fer-los veure que les seves decisions tenen unes conseqüències, tenen unes implicacions. És aquí on la relació personal amb l’alumne els ajudem a ser conscients sobre la importància d’aquestes decisions.

 

Para tomar decisiones hay algo imprescindible: la capacidad de pensar. Desde que son pequeños podemos aprovechar las circunstancias que nos brinda el día a día para que nuestros hijos reflexionen y aprendan a pensar

 

Cuando vuestros hijos tengan un problema, no corráis a solucionárselo. Debemos darles la oportunidad de buscar alternativas, explorar nuevas maneras de hacer las cosas y tomar decisiones para solucionar sus problemas.

La solución no es dictarle lo que tiene que hacer, sino guiarle para que sea él el que encuentre la solución

Debemos dejar que nuestros hijos experimenten las consecuencias naturales de sus actos y sus decisiones. Esto les estimulará a pensar cómo actuar en el futuro. Si eliminamos las consecuencias de su falta de pensamiento impediremos que tomen conciencia de la importancia que tiene el pensamiento para su vida.

 

Unido a la capacidad de pensar está el sentido crítico, saber distinguir entre lo que me apetece y lo que quiero y me puede hacer feliz.

 

Educamos a no ser conformistas con aquello que conocen o aquello que les ha venido dado. Les enseñamos a valorarlo, claro, pero también a salir de su zona de confort poniéndola a prueba.

La libertad consiste en escoger. Pero no en escoger cualquier cosa, sino aquellas que te acercan más a la virtud, al bien, a la verdad. Entonces la pregunta no es tanto cómo puedo ser libre, si no, que criterios sigo yo para poder ser libre. Cómo puedo desarrollar ese criterio.

 

Y para ello, uno de los ingredientes más importantes para educar la libertad de nuestros hijos es la paciencia. La paciencia es esa espera firme y tranquila de que en el día de mañana, serán felices.

 

Nosotros como educadores, y vosotros como familia, estamos llamados a esa esperanza involucrándonos y estando en primera persona. Esta es la propuesta que hacemos desde el colegio

 

Ahora bien… paciencia, sobreprotección, límites, autoestima, sentido crítico…no nos llevemos a engaño, la educación no es algo que se pueda transmitir de un día para otro y lo más importante, necesitamos de la disposición del alumno. Pero vale la pena el esfuerzo.

 

Hay un requisito indispensable que hay que tener siempre presente: y es la paciencia. La paciencia tanto de padres como de educadores. Por que los niños tardan en asimilar lo que nosotros queremos transmitirles.

 

Y no podemos olvidarnos de que nuestros alumnos crecen en la escuela, se enamoran en la escuela, rompen, lloran…por eso es importante resaltar que en el colegio también cuidamos la dimensión afectiva y sexual de nuestros alumnos. Es importante, por ejemplo, hacerles conscientes de que el enamoramiento está llamado a transformarse en algo que es aún mejor, que lo supera y trasciende, que es el amor. Hoy en día hay un gran desconocimiento de la diferencia entre ambos términos.

 

El enamoramiento está llamado a transformarse en algo que es aún mejor, que lo supera y trasciende, que es el amor. Hoy en día hay un gran desconocimiento de la diferencia entre ambos términos.

Como primeros agentes educadores tenemos el deber de educar a nuestros hijos en su vida afectivo-sexual, pues si no lo hacemos nosotros lo harán otros, ya sean sus amigos, las redes sociales, los medios de comunicación…

 

Si además de cultivar la autonomía, la fortaleza, la autoestima, el sentido crítico, la dimensión afectiva-y sexual….nos atrevemos a ir al fundamento último de las cosas, nos encontramos con la fe.

 

Un hombre que confía exclusivamente en su capacidad racional para conocer las cosas, siempre se encontrará con una limitación. La limitación de su propia naturaleza. Pero sin embargo si a este hombre se le da una luz sobrenatural -esto es la fe- será capaz de alcanzar una realidad que por si mismo no podría. esto implicaría reconocer que este hombre no puede darse a sí mismo la verdad de las cosas, si no que es necesario que otro se la de. Y en el fondo esta es también la dinámica de la educación.

 

Y llegados al punto de la fe, nuestro principal objetivo como educadores cristianos es hacerles descubrir que lo que verdaderamente nos hace felices es vivir entregando la vida por los demás.

Solo hay una manera de transmitir la fe: viviéndola.

No se trata de ser perfectos, sino “verdaderos”. No pasa nada porque vean que nos peleamos, si luego ven cómo es posible el perdón. Para un niño es más importante crecer en un ambiente de amor auténtico que solo en un clima de piedad formal.

 

Para concluir, como muchos me habréis oído decir, nuestro modelo educativo se basa en la parábola del hijo pródigo, ese hijo al que el Padre le dio la libertad de escoger, al que espera con paciencia, saliendo cada día al camino; y al que al volver al hogar, acoge con misericordia y por supuesto, siempre perdona.

 

Apasionados por la educación 1
Raül Adames

 

 

 

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