A menudo la decisión de qué estudios hacer se vive con una gran angustia e inseguridad. Suele tratarse de la primera decisión que tiene una repercusión de futuro importante. Por ello, muchas veces el primer consejo que les damos es relativizar esta repercusión, ya que a menudo la tensión les impide vivir el proceso de decisión con paz y confianza.

Aunque la creencia inicial es que al escoger los estudios ya están determinando el trabajo que ejercerán, ¿a cuántos de nosotros nos ha condicionado totalmente nuestros estudios? El ámbito profesional es muchísimo más amplio que el ámbito universitario, por ello es bueno que no relacionen directamente estudios con trabajo, ya que podrían estar limitándose

Para tomar de manera adecuada cualquier decisión importante, es necesario estar en una situación interior de calma, conocernos y aceptarnos, estudiar todas alternativas, y entonces valorar qué nos atrae, qué hacemos bien, y qué opciones están a nuestro alcance.

Cuando estas tres preguntas coinciden, la decisión es fácil de tomar. El problema surge cuando o bien no sabemos contestar a alguna de estas preguntas, o bien las respuestas con incompatibles.

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Probablemente la situación más complicada se da cuando uno no sabe qué le atrae, o lo que es peor, nada le atrae. Esta pregunta está muy unida a la siguiente, qué hacemos bien. Todo ser humano tiene unas cualidades innatas, que debe ir descubriendo, en este aspecto la labor de la familia es crucial para ayudar a los chicos a valorarse y descubrir aquello para lo que tienen especial facilidad o mejor predisposición.

También sucede que tenemos alumnos especialmente buenos para un ámbito concreto, pero quieren dedicarse a otro totalmente diferente. A veces esta situación viene dada por presiones externas, sociales o familiares, qué generan rupturas o tensiones en los chicos, porque quieren hacer algo con lo que en el fondo no acaban de identificarse. En estos casos vuelve a ser crucial el papel de la familia por no proyectar, por aceptar a nuestro hijo tal y cómo es, por valorar aquello que le define, y no aquello que la sociedad impone.

Otra situación muy delicada es aquella en la que los alumnos que tienen claro lo que quieren hacer, no pueden aspirar a conseguirlo, ya que no pueden alcanzar la nota de corte demandada. En estas situaciones lo mejor es ayudar a aceptar la realidad del alumno acompañándoles en el sufrimiento para no aplazar la frustración al último momento. Buscar soluciones, alternativas, otras vías de acceso, … Esto también les anima, porque en el fondo ellos saben de qué son capaces y de qué no, aunque de entrada no quieran reconocerlo.

Por último, es importante, especialmente en el caso de aquellos chicos que están angustiados y viven con mucha tensión la toma de decisiones, que tengan claro que mucho más importante que la decisión final que tomen, es la actitud con la que la vivan, y toda decisión académica, puede en un futuro, ser reorientada si ven claro que se han equivocado. El mayor éxito es que sean consecuentes y asuman de manera responsable su decisión.

Por ello, de cara acompañarles, siempre tenemos que estar seguros de que son ellos los que deciden, sin presiones externas que puedan distorsionar lo que realmente quieren hacer.

Elisa Fernández ( Tutora de Bachillerato del Abat Oliba Loreto)


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