¿Cómo nos gustaría que nuestros hijos reaccionasen después de vivir una situación difícil? de un conflicto en el colegio, de una pelea, de repetir curso, de la separación después de la muerte de alguien cercano… Hay niños que no son capaces de afrontar la adversidad, y se aíslan, se repliegan en sí mismos. No tienen amigos. Evitan la relación con los demás. Entre otras cosas porque no tienen desarrollada lo que en psicología se conoce con el término RESILENCIA. En definitiva, los niños resilientes son aquellos que frente a una situación difícil son capaces de adaptarse a las circunstancias, aprender y salir fortalecidos. Y es precisamente esa capacidad lo que les distinguirá del resto, de la masa.

¿Qué les hará destacar, ser un buen miembro de un equipo, un buen padre, una buena esposa, un gran líder, ser FELIZ, en definitiva? Ser personas capaces de enfrentarse al sufrimiento, superarlo y ser felices. Y esto no se improvisa, necesita de un entrenamiento, de una preparación.

Y no siempre vamos a estar ahí para ayudarles, para solucionarles la vida. Por eso, tenemos que educarles, entrenarles y ejercitarles ahora, desde pequeños, en las pequeñas cosas. No se trata de ponerles trabas sino de dejar que sufran cuando les toca y no aligerarles esas pequeñas situaciones adversas con las que se van encontrando a lo largo del día… Que se aburren, pues que se aburran, que están cansados y quieren ir en brazos, pues que caminen un poco…

Este entrenamiento es nuestra responsabilidad, nuestro deber como padres. ¡Ánimo!, nunca es tarde para empezar. No tengas miedo a que tus hijos sufran un poquito ahora ¿Tú quieres que tu hijo sea feliz? Enséñale a sufrir. Prepárale para la vida. Pues un padre que AMA, no le quita el sufrimiento a su hijo, sino que le acompaña, y le ayuda a enfrentarse a él.

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