Todos queremos que nuestros hijos de mayores gobiernen su vida, que sean capaces de tomar decisiones libres y de conseguir lo que se propongan. La gran pregunta es ¿cómo conseguirlo? Pues mirad, hay algo que podemos hacer que es muy sencillo pero fundamental: Pensar antes de actuar. Lo que sucede es que vivimos en la sociedad de la prisa, debemos cumplir horarios, terminar listas de tareas, compatibilizar la vida laboral y la familiar etc. En este contexto, es muy difícil poder encajar el pensamiento y la reflexión y, sin querer, arrastramos a los niños haciéndoles ir a nuestro ritmo frenético que no es natural para ellos y que les dificulta el crecimiento de la capacidad para pensar.

La buena noticia es que para ayudar a nuestros hijos a ser más reflexivos no hace falta añadir más cosas a nuestras listas. Lo que debemos intentar es aprovechar las oportunidades que nos brinda el día a día para que nuestros hijos reflexionen y desarrollen el pensamiento.

Quizá os sorprenderá que os recuerde que: Pensar antes de actuar es un hábito. Diréis: “Ya están las profesoras con los hábitos” pero ciertamente es así. Quien suele responder y tomar decisiones de forma impulsiva, lo convierte en un hábito; y lo mismo sucede al revés, cuando nos acostumbramos a reflexionar y a tomar decisiones argumentadas lo convertimos en una forma de actuar.

El hábito

Pensad que siempre es más fácil adquirir un buen hábito, que intentar eliminar una mala costumbre. Por eso vale la pena inculcar buenos hábitos de pensamiento desde que los niños son pequeños.

Vamos a ver algunas formas de hacerlo. Os voy a dar solo tres ideas sencillas que, si conseguimos ponerlas en práctica, ayudarán a que nuestros hijos sean más reflexivos.

La primera: No debemos hacer por nuestros hijos aquellas tareas que pueden hacer solos.

En las primeras etapas de la vida, los niños desarrollan la capacidad de pensar cuando resuelven situaciones de la vida cotidiana. ¿Cómo puedo hacer que el botón entre en su agujero y no en el del botón de arriba? ¿Cómo cojo el vaso para que no se me caiga? ¿Dónde dejo este juguete para volverlo a encontrar cuando quiera jugar?

Pero claro si les vestimos, no tienen que pensar como abrochar botones; si les ordenamos los juguetes, no tienen que pensar dónde dejarlos; si no les dejamos llevar el vaso, no tendrán que pensar cómo hacerlo para que no se caiga…

Cómo hacerles pensar

A muchos niños les sucede que antes de que tengan que pensar en cómo dar la vuelta a la manga de la camiseta, ya tienen a mamá haciéndolo. Antes de que se planteen cómo coger ese juguete que está alto, ya tienen a papá ahí bajándolo para ponerlo a su alcance. Sin darnos cuenta les estamos negando muchas oportunidades de pensar y desarrollar el pensamiento.

Otro aspecto muy importante para tener en cuenta es que, cuando a los niños les surgen problemas no tenemos que correr a solucionárselos. Tenemos que darles la oportunidad para que reflexionen y busquen soluciones. Nos hemos convertido en auténticos solucionadores de dificultades.

Y así una cosa detrás de otra. No nos damos cuenta de que impedimos que nuestros hijos busquen soluciones. Pero si vemos que están realmente atascados en un problema, obviamente podemos ayudarles guiándolos para que encuentren la solución, no dársela de primeras.

Dejar que experimenten las consecuencias naturales de sus actos y sus decisiones.

Esto les estimulará a pensar acerca de cómo actuar en el futuro.  Si vamos eliminando las consecuencias de la falta de pensamiento en nuestros hijos, no tomarán conciencia de la importancia que tiene el pensamiento para la vida.

Todas estas cosas son pequeños gestos que harán que nuestros hijos se acostumbren a pensar por sí mismos. No dependerán de qué otros lo hagan por ellos, y en consecuencia, tomarán las riendas de su vida para vivirla más libremente.

Eva Doménech (Jefa de estudios de Educación Infantil del Abat Oliba Loreto)


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