El desarrollo de una afectividad sana en nuestros hijos es primordial para que sean felices. Sentirse queridos y valorados por lo que son, que se conozcan y se acepten, para que de esta manera se sientan seguros para enfrentarse al mundo.

Pero… ¿cómo hacemos para que se sientan seguros y queridos? Además de con muestras de afecto tales como los besos y abrazos, importantísimos para su desarrollo, hay otros aspectos que se nos hacen menos evidentes en el día a día, pero que son también imprescindibles: validar las emociones que les vayan surgiendo, darles una imagen de confianza respecto a sus capacidades, ofrecerles pequeñas oportunidades para decidir o ayudarles a ejercitar las virtudes, entre otros.

Todo ello, con la mirada puesta en que sean felices y descubran el valor que tienen como personas.

Marta Rincón – Psicóloga

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